En Alicante, la cocina no empezó en una fecha concreta. No hay un año grabado en piedra que marque su origen. Nació en la huerta, en el secano, en la montaña y en la orilla del mar. Empezó en las manos que repitieron recetas hasta convertirlas en memoria, en los sabores que viajaron de generación en generación como un legado invisible.
Cada plato que hoy consideramos nuestro es en realidad el eco de muchos otros, cocinados antes, compartidos antes, celebrados antes. Y en ese hilo que une generaciones, la cocina de Alicante ha aprendido a ser al mismo tiempo humilde y extraordinaria, cercana y universal. Nosotros no venimos a inventar nada nuevo, sino a honrar lo que ya estaba aquí.